viernes, 2 de diciembre de 2011

ÁNGEL DESCONOCIDO

Siempre me preguntaba, cuando niño, a que se referían los mayores cuando hablaban de “sus problemas”, o bien decían , “todos tenemos problemas”...
Eso en la infancia es lo mas cercano a lo utópico que podemos llegar a oir, mas allá de los cuentos narrados por tios o abuelos...
Ahora estoy experimentando en carne propia todos aquellos inconvenientes a los que hacían referencia en el pasado. Por primera vez sentí que el alma y el pecho se me estrujaban y que no lograba ver el sol, asi se tratase de una hermosa tarde...
Algo se rompió dentro de mi...
Algo que hace que disfrute de todo lo simple y hermoso de la vida dejó de funcionar...
Como llegué hasta aquí; hasta este estado de miseria espiritual, en el cual solo supe dejar que todo lo que amé se alejara? Hace más de dos horas que en la casa no hay nadie... estoy completamente solo con mis pensamientos, oscuros y voluminosos, cargados de furia tal vez contra la misma mente que los origina...buscando respuestas a cosas que ya no son... preguntándome a los gritos, si el amor verdadero existe, o bien, si alguna vez existió...
Veo mis pocos bártulos amontonados en un rincón y pienso si en realidad es un espejo del contenido de mi pobre alma sola. De la nada me sonrío al pensar en ello, y llego a la conclusión que en este momento, mis objetos son muchos comparado a lo que llevo adentro...
Encendí un cigarrillo y recorrí la casa por última vez. Busqué aquella felicidad en alguna foto, recordando lo que realmente vale de las imágenes: el momento en que fueron tomadas. Luego se convierten en un recuerdo. Puede ser hermoso, o tremendamente triste como ahora... Caminé hacia el garaje a guardar mis últimas cajas, acaricié aquel gato marrón que -sabía- vería por última vez, y luego de escribir una nota de despedida, me alejé para siempre de allí...
Nunca pensé que los llamados “problemas de los adultos” contemplaran también el tener que dejar a las personas que uno ama, pero como me dijo alguien una vez: “A veces para hacerle el bien a nuestros seres queridos, es preferible estar lejos de ellos”
Puse en marcha el coche, y dando un último vistazo al frente de la casa, me alejé despacio calle abajo, hacia mi nueva e improvisada morada. Al llegar, envuelto en una infinita tristeza, bajé las pocas cajas con mis pocas cosas en la pequeña habitación. Me recosté en la cama de una plaza con un colchón que ni un fakir soportaría y contemplé lo poco que tenía, tanto en la pieza como en mi interior.
No se cuanto tiempo me quedé mirando sin ver en ese cuarto oscuro, pensando en mil y una cosa a la vez, soltando una lágrima cada tanto y reprochándome después los errores cometidos. Uno siempre es culpable, aunque las culpas se comparten en los fracasos, aunque el otro también se haya equivocado, hoy solo veo mis yerros.
Creo que a pesar de todo pude dormir un rato. Al despertar volví a recordar el momento tan nefasto y volví a entristecerme.
Qué tenía hasta ese entonces?
Nada.
Había que hacer algo para salir de ese círculo vicioso; de esas cuatro paredes que parecían caer sobre mi. Salir a la calle, a la vida de alguna forma... como pudiese, como lo pueda lograr hoy a pesar de todo...
Comencé a tener una idea que tal vez me ayudara y logré entusiasmarme... ¿Qué me retiene en este lugar que durante mi infancia, fue el mas hermoso de todos, pero hoy me asfixia? La mujer que amo ya no está y no creo que vuelva a estar...Solo hay aquí un gran agujero negro que todo lo absorbe; mi ánimo, mis ganas, mi felicidad. Tomé un viejo bolso de viaje, junté algo de ropa, algo de dinero, otros pequeños bártulos y los cargué en mi auto. Viajo a alguna parte, a algún lugar que se me cruce por el camino. Es el cambio de escenario lo que nos hace cambiar los pensamientos y luego tal vez, la manera de ver las cosas. En este momento sé muy poco de nada pero algo sé: me voy lejos...
Me despedí de mi padre diciéndole que no se preocupe, que en unos días estaría de vuelta, luego de ordenar un poco las sensaciones y acomodar otro tanto las ideas.
Solo manejo y pienso. En mil cosas hermosas de nuestra vida juntos; en tu sonrisa, tu cara hermosa, tu cabello negro, el decirte que para mi eras la mas bella de todas y que en verdad era cierto... que jamás te hubiese dejado de cuidar y mimar como lo hice... que ya no te veré y que siento de nuevo la oscuridad en el corazón...
Llevo mas de ocho horas de manejar y comienzo a salir de la provincia. Veo a lo lejos un paraje con estación de servicio y un pequeño sitio para comer algo. Parece un lugar fuera de todos los mapas, de esos olvidados de Dios. “Bocayuba” reza cruel el cartel.
Bajo exhausto por las horas de ruta, lleno el tanque de gas oil y me siento a la barra del minúsculo restaurante. Una radio mal sintonizada en A.M. es lo único que rompe un poco el enorme silencio de esa parte del mundo. Nadie parece estar con ganas de esperar un cliente. No es para menos...hace ya mas de dos horas y cerca de doscientos kilómetros de camino desde que crucé el ultimo vehículo. Es la soledad mas absoluta; es la inmensidad de un país vacío en algunas partes y hacinado en otras.
Una mujer muy atractiva, de unos treinta y cinco años que parecía ser dueña del lugar, y saberlo todo apareció como un espectro...de la nada. Me sorprendo.
-Viene de lejos? Viaja usted solo? Preguntó sin darme respiro.
-De Mar del Plata. Respondí parco.
-Se siente bien? Parece muy cansado, pero no solo el cansancio se le nota...hay algo mas... usted no es un viajante. Ya nadie sigue ruta arriba por el ripio. Son trescientos kilómetros de nada...
La mujer tiene un sexto sentido, como todas las mujeres y percibe mi estado de ánimo. Tomo una gaseosa y como un sándwich.
-Estoy yendo sin un rumbo fijo. Solo necesito alejarme de lugares y pensamientos. Contesté a desgano.
-Le pido mil disculpas! Me llamo Guadalupe...
-Yo Carlos. Mucho gusto. Respondí con tono muy formal, de compromiso y con la boca llena...
-Por mas lejos que vaya, los pensamientos irán con usted... Por qué no descansa hasta mañana? Se viene una tormenta y lo que sigue de ruta no se lo recomiendo para hacer de noche. En verdad, se lo ve muy agotado...parece que hace mucho que no duerme bien...
Creo que en cierto modo le he caído bien a la dueña del lugar, ya que insistió en no cobrarme el alojamiento y me ofreció tomar mas tarde en el bar un trago con ella. Entré a la modesta habitación, tiré mi bolso en un rincón y me dejé caer en la chillona cama. El sueño me ganaba, pero no quería dormir demasiado...solo cerré los ojos unos minutos y los pensamientos me avasallaban. Me percato que hasta mi celular carece de señal en este sitio olvidado de Dios. Mejor. Me hubiese tentado de enviar algún mensaje a quien no debía. Respetemos el silencio...
Me di una ducha y luego de vestirme y ordenar mis pocas cosas, bajé a encontrarme con la mujer. Era por demás atractiva y siempre tenía una sonrisa a flor de labios. Allí estaba...
-Ya nadie pasa por aquí. La crisis de los productores agropecuarios convirtió a estos parajes en pueblos fantasmas. Desde que mi marido se fue a la capital, apenas puedo subsistir con la estación y el bar. Antes volvía de vez en cuando, ahora hace mas de dos años que no sé nada de él... pero contame de vos... Qué haces manejando solo en medio de la nada?
Me sorprendió con el tuteo. Dio el pie para poder soltarme un poco a una charla mas informal y le conté de mis penurias amorosas y de por qué me subí al auto y me dirigí a cualquier lugar. Mientras parecía escucharme con gran atención, volvió a servir whisky en mi vaso, sin apartar la vista de mi cara. Para mi total asombro, irrumpió con una frase inesperada:
-Por qué no regresás?
-C... cómo...te parece? Balbuceé sorprendido.
-Claro que me parece. Lo que buscás no está al final de un camino abandonado. Está adentro tuyo Carlos ...
Por un momento sentí la proximidad de Guadalupe mas allá de la física. Nos separaban escasos centímetros y los latidos se me multiplicaron en un instante, pero las distancias en esta ocasión tenían diferentes unidades de medida para ella y para mi. Mi mente y mi corazón estaban muy lejos de allí y solo me limité a asentir con la cabeza en respuesta a su frase.
-Es verdad. Mañana mismo emprendo el regreso. Comenzaré a juntar los trozos de mi vida e intentaré armar el rompecabezas con las piezas que hay... Afirmé.
-El mío hoy por hoy, cuenta con una sola pieza que soy yo. Si fuese en otro momento, tal vez te hubiese pedido que te quedaras... pero lo mejor para vos, es regresar a tu nuevo lugar y volver a empezar...
Sus palabras no me sorprendieron. Noté su cercanía y en verdad, no pasó desapercibida. Es una mujer demasiado atractiva para ser ignorada por alguien; solo que en este caso no me encuentro disponible para iniciar absolutamente nada. Así y todo, sus palabras fueron de gran estímulo y me ayudaron a tomar la decisión de regresar a mi sitio.
Siempre creí en los “ángeles desconocidos”. Son aquellas personas que cuando nos sucede algo en la calle, o en la vida, aparecen de la nada para cuidarnos, atendernos, llamar una ambulancia, ofrecernos su campera como almohada, o darnos una pequeña caricia en la frente o en el alma. Luego, como por arte de magia, desaparecen y nunca más sabemos de ellos.
Muy temprano, me levanté y fui al pequeño comedor del paraje a desayunar. Allí estaba Guadalupe, entre medias lunas y un excelente aroma a café recién hecho. Solo aquella radio mal sintonizada rompía el silencio de la mañana. Me recibió con un cálido “buen día” y luego de servirme, agregó:
-Solo quiero desearte lo mejor, y que sepas que si decidís volver a “huir” ya tenes un destino en tu ruta...
-Gracias... Lo sé. Te tendré presente...
Me volvió a sorprender. Esta vez se despidió con un beso, mitad en mi mejilla y mitad en la comisura de mis labios, como quien dice mucho más que un saludo y mucho menos una despedida.
Cargué mis pocas cosas en el coche y partí con rumbo a casa. Luego de saludarme, Guadalupe desapareció. No estaba en el momento en que eché la última mirada al lugar. Ya se había despedido. Manejé casi sin parar hasta Mar del Plata. Al llegar, mi padre me esperaba en la puerta. Lo abracé y juntos entramos a la casita del barrio San José, tomamos unos mates y hablamos del viaje y de bueyes perdidos.
De qué sirve huir? Jamás olvidaré a las personas que amo de verdad. Solo me queda el consuelo de saber que están mejor sin mí. Cambiaré algunos afectos y lugares, pero mi sitio ahora está aquí...
La misión de Guadalupe era solo esa: ser mi ángel desconocido, por eso me aconsejó que volviese. Tal vez en el futuro el ángel se convierta en mujer para mí y el destino nos una de otra forma...

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