Ni bien leemos el título de ésta nota, se nos viene a la mente aquella obra maestra de nuestro cine, dirigida por Sergio Renán y protagonizada por Héctor Alterio y Ana María Picchio allá por 1974...
Tal vez alguien ya anciano, remonte sus recuerdos a la guerra, o quizás quienes padecimos problemas familiares, nos remontemos a los meses de navidad en donde pase lo que pase, levantamos las copas y nos deseamos lo mejor. Ultimamente nuestro país estuvo azolado por diferentes crisis de opinión internas. Sin ir mas lejos recordemos las diferencias insalvables entre la posición del gobierno y la de nuestros dirigentes ruralistas, acerca de la exhaustiva política de retenciones y las supuestas injerencias en la rentabilidad de dicho sector.
Un poco más cerca geográficamente, y allá en nuestra maravillosa infancia, disfrutábamos tanto en la escuela como en las calles y plazas de todos las juegos que nos hacían tan felices. Por el lado de las niñas, la soga, el elástico y las figuritas con brillantes tipo Sara Kay, y los varones teníamos un objeto que enseguida nos hermanaba por un buen rato: la pelota. Bastaba colocar la ropa o alguna piedra o botella a modo de poste de arco, se “pisaba” –otrora llamado pan, queso...- para la elección de los equipos, se establecían de común acuerdo los límites laterales del campo y simplemente comenzábamos a jugar. No había árbitro alguno. No era necesario porque aunque a veces se originaba alguna controversia, SIEMPRE se llegaba a un acuerdo en pos de la continuidad pacífica del juego.
Aunque lejos esas cuestiones en el tiempo, debemos resaltar que, por más que no seamos los protagonistas de un partido; el fútbol nos sigue sorprendiendo –para bien y para mal- con muchísimas alternativas de comportamiento en las personas que lo siguen en forma asidua. Como argentinos tenemos asumido que siendo uno de los países más futboleros del mundo, cada domingo, el resultado de nuestro equipo –ni hablar si se trata de un clásico- influye directamente en nuestro ánimo; y me arriesgaría a decir que dicha influencia se extiende a lo largo de toda la semana. Es una situación que divide un país en alegres y tristes, de acuerdo en que bando nos hayamos enrolado; pero hay otra alternativa que logra unirnos a TODOS de un mismo lado, e inclusive –ésta es la parte más curiosa de todas- a todos aquellos –sobre todo a aquellas- que no son seguidores habituales del fútbol: el mundial.
Quienes hacen un análisis de este mega evento como un hecho deportivo se equivocan. Un mundial es un fenómeno de connotaciones sociales y políticas de un alcance absolutamente ilimitado. Se ha hecho un alto en situaciones absolutamente sorprendentes; por ejemplo conflictos bélicos, situaciones de convulsión social, diferendos limítrofes, enemistades raciales, religiosas y todo lo que puedan imaginarse (también lo que no); por un mundial de fútbol. Si... Por ver ese objeto maravilloso y esférico rodar...
Recuerdo sin ir más lejos, cuando a tres años y medio de haber estado en guerra, debimos enfrentar en el mundial de Mexico ’86 a la mismísima Inglaterra, en un partido que la prensa “amarillo patito” no dudó en nombrar “la batalla final de Malvinas”... un asco. Pero a colación de lo que antes les contaba; fue un partido absolutamente ejemplar en su desarrollo y en el comportamiento de los jugadores de ambos equipos, y he de destacar que los ingleses, a pesar de haber sufrido un gol con la mano y otro espectacular de Diego; no perdieron los estribos y saludaron a cada uno de los argentinos al final del encuentro aun habiendo quedado eliminados.
También sirvió de "anestesia" de la dictadura militar, allá por 1978...
Nuestro querido país no es la excepción ni mucho menos, ya que por un mes –Dios asi lo permita- dejamos de lado nuestras cada vez más profundas diferencias de sociales, para pensar, vivir y sentir TODOS de la misma forma.
¿Quién no se abrazó con un desconocido unido en un grito de gol ensordecedor e interminable, y comentando luego los pormenores del mismo como si nos conociésemos de toda la vida?
¿Quién no se puso a charlar espontáneamente con desconocidos en un comercio, una esquina, una parada de colectivo, una sala de espera de un consultorio o inclusive con alguien con quien estamos en conflicto por algo?
¿No es una situación de unión ideal entre los argentinos, la de compartir todos por igual las tristezas y alegrías que un hecho como el mundial nos lleva a vivir?
¿No es esto una especie de tregua...?
No se enojen, pero los dejo. Empieza el fútbol!...
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