¿Qué sería de nosotros los marplatenses, sin el turismo de temporada?
Durante muchas generaciones, sobre todo en mi familia, se trabajaba arduamente durante los meses de verano; lo que nos permitía ahorrar unos pesos extras y pasar un invierno más “aliviado”, según las propias palabras de mis viejos…
Ya en noviembre comenzaban los preparativos para recibir a un verdadero malón turístico… Los balnearios armaban y pintaban sus carpas y sombrillas de vivos colores. Los barcitos de la costa comenzaban a descongelar hamburguesas guardadas de la temporada anterior, y a pintar sobre la grasitud de las paredes a modo de lavada de cara.
Mis primeras temporadas en las playas de “la feliz” fueron allá por 1976. Años convulsionados y caóticos para la vida social, política y económica del país…
Así y todo, a pesar de este complicado contexto, la afluencia de turistas era MASIVA.
Las comodidades en las playas se alquilaban por adelantado desde el 1º de diciembre al 31 de marzo; contrario a lo que hoy vivimos con el turismo en cuanto a la duración de las temporadas: un mes y medio de hoy día contra tres de aquella época…
La playa Bristol (ahí por la zona del Hotel Provincial y el Casino) era frecuentada por la “farándula de la época: Darín (muy jóven), Adolfo García Grau, Julio de Grazia, Gerardo y Hugo Sofóvich, Claudio Levrino, Emilio Disi con Doris del Valle, Jorge Porcel, Nélida Lobato, Moria Casán, Alberto Olmedo, Mario Sánchez, Carlos Monzón con Susana Giménez, Víctor Galíndez, etc… Eran otros tiempos y otro el glamour de esas playas; ahora trasladado a centros de veraneo mas restringidos o dado el caso, algún balneario de Punta Mogotes…
El “turismo social”, tan arraigado hoy día a estas otrora glamorosas playas, estaba dirigido casi en su totalidad a la zona de los hoteles de Chapadmalal; construidos por Juan Domingo Perón en los años ’50 justamente con ese fin.
¿Para que contar todo lo que vino después en materia social en este bendito país?
Dos mundiales de fútbol ganados, una guerra perdida, un genocidio con 30.000 víctimas, un juicio a los responsables, un posterior indulto a los mismos, hiperinflación, la Tablada, el demonio riojano, convertibilidad, tarifazos, salariazos, y toda palabra fea seguida del subfijo “azo” que nos podamos imaginar…
Hoy contamos, como les decía antes, con una temporada de cuarenta días, con un clima más impredecible producto del calentamiento global de los últimos treinta años,
con la misma capacidad de cocheras para los casi 100.000 vehículos más que en aquél entonces, con el turismo social instalado en las playas del centro e inclusive “acampando” en las playas; con el aditivo del incremento de la delincuencia por el masivo aumento del consumo de drogas; el desembarco en la ciudad de arrebatadores, pungas, timadores, ladrones de autos, de casas, escruchantes, dealers, etc, etc….
Las plazas hoteleras insuficientes, los alquileres particulares a precio de Dubai, hicieron que mucha gente que en otros años, no veía el momento de reservar carpa en nuestra querida ciudad; optara por otros destinos. Tal vez mas baratos, o mas seguros, o mas tranquilos o quizá con menos afluencia de los personajes que les citaba mas arriba…
No piensen que soy pesimista… Mardel está mucho más linda que en aquella época. Sus calles, plazas, paseos, costanera, Bosque Peralta Ramos, las sierras de los Padres, y mil lugares más… Ha crecido enormemente tanto en lo edilicio como en lo demográfico, pero déjenme derramar un lagrimón al recordar a nuestra postal mas tradicional, recorrida por quienes cuidaban de las playas y su higiene; donde podíamos dejar a los niños jugando sin preocupaciones bajo la atenta mirada del señor carpero…
En fin… Disfrutemos de la ciudad y cuidémosla al mismo tiempo, para que en algún momento recupere ese brillo… Así y todo sigue siendo la mas hermosa de la Argentina y uno de los principales destinos turísticos de América del Sur…
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